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Afrontar los cambios sin miedo

El mito de la caverna explica cómo unos hombres fueron encadenados desde pequeños en el fondo de una cueva dando la espalda a la entrada. Atados de cara a la pared, su visión era muy limitada y sólo podían ver en la pared el reflejo de estatuas de animales y objetos que pasaban delante de una hoguera. Ante la pared se proyectaban las sombras haciendo que parecieran las de unos monstruos que lo único que podían transmitir era miedo. Un día, con la ayuda de un hombre, pudo escapar de la cueva. A medida que los días fueron pasando, pudo acostumbrarse a la luz del sol y se dio cuenta que vivió toda su vida engañado con las imágenes de aquella cueva que lo tenía prisionero. Decidió volver para explicar las cosas que había visto y que le esperaban a su compañero en el mundo exterior, pero después de explicarle la historia a su compañero, lo toma por loco y se resigna a creer en esa realidad.

Este mito es una narración hecha por el filósofo Platón que aún hoy perdura y que seguro que muchos de ustedes han sentido alguna vez. Pienso que puede tener muchas lecturas adicionales y a mí particularmente me gusta una que se podría hacer del hombre que sale de la cueva. Seguramente antes de ser liberado se había acostumbrado a la situación en la que se encontraba. Sus necesidades estaban cubiertas de alguna manera y, a pesar de la situación le resultaba desagradable, sabía que nada malo le pasaría. Estaba dentro de su zona de confort. Seguramente la liberación, en un principio, le habría hecho más miedo que a satisfacción. No penséis que, si ya estaba habituado a una forma de vida, la posibilidad de salir de la caverna le podía causar cierta angustia?

Y aquí es donde quiero llegar. En la famosa salida de la zona de confort. Los cambios. Cambiar implica esfuerzo y muchas veces, también, una cierta dosis de malestar como le había pasado a nuestro aventurero que había salido de la cueva. El mito nos dice que se tuvo que acostumbrarse a la luz del sol antes de ver las diferentes imágenes del mundo real. Yo añado que los pies también se le debían acostumbrarse a nuevas texturas y que las piedrecitas que nos encontramos a la salida de una cueva con gran seguridad le resultarían desagradables. Es por este motivo que no podemos esperar que los cambios sean por terrenos llanos y cómodos, ya que si siempre fueran así no los tendríamos tanto miedo y estaríamos mucho más predispuestos a hacerlos. Recordemos que si queremos cambios, tendremos que hacer cambios, y hacer cambios significa hacer cosas que no estamos acostumbrados a hacer. Seamos realistas y estemos dispuestos a tolerar la incomodidad y la incertidumbre, ya que aparecerán siempre en un proceso de cambio. Veréis como poco a poco los límites de nuestra zona de confort se expanden y al final respiraremos mejor.

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