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Cómo superar una crisis de ansiedad (I)

Cuando de forma súbita e inesperada, una ola de miedo y ansiedad nos rodea el cuerpo es cuando se produce un ataque de pánicocrisis de ansiedad. El cuerpo sufre un cortocircuito, ya que cuando está pasando por este estado sólo pensamos que es el final, que nos vamos a morir o que nos estamos volviendo locos. Es una sensación muy desagradable. Quien lo ha llegado a experimentar, sabe de qué estamos hablando.

Por suerte, el pánico es fácil de tratar. Trabajar con un psicólogo especializado en ansiedad y entrenado en técnicas cognitivas – conductuales puede ayudar a resolver el problema. No obstante, aquí te dejamos algunas pautas que puedes seguir para capear los ataques de pánico e intentar que se reduzcan, tanto en su duración como en su frecuencia.

Este artículo está dividido en dos publicaciones diferenciadas. Esta primera parte va dirigida a facilitar una serie de estrategias prácticas que se pueden aplicar para combatir la crisis o ataque de pánico.

Entra en contacto con las sensaciones que se asocian al miedo

Siempre que se propone la gente se lleva las manos a la cabeza. De forma automática se tiene asociado que síntomas como palpitaciones, sequedad de boca, respiración acelerada... Son signos de algo peligroso y rápidamente desembocan en la agonía de que vendrá una crisis de pánico. Inducir los síntomas que se asocian al pánico, fuera de un contexto de un ataque, hará que los dejes de ver como peligrosos. Te ayudará a aprender que el cuerpo puede manejar unas palpitaciones aceleradas o el nudo en la garganta. Piensa que cuando practicamos estas exposiciones a los síntomas siempre tenemos el control y nos permitirá a acostumbrarnos hasta que el cerebro se acabe aburriendo. Sé creativo para atraer los síntomas. Si lo que más te preocupa es sentir el corazón acelerado, ponte a subir y bajar escaleras sin parar. Si te da miedo sentirte mareado, da vueltas con una silla de despacho hasta que el todo gire. Si tienes miedo de afrontar la falta de aire, respira entrecortadamente y de forma profunda.

Invita al ataque de pánico a ir contigo

Aunque suene raro, aplica «psicología inversa». Cuando empieces a sentir la primera inquietud, intenta decirte a ti mismo: «Eh, cuerpo, quiero más. Dame la mejor crisis que puedas».

Estar dispuesto a sentir síntomas del ataque de pánico te ayudará a parar la escalada. Recuerda que si acoges las sensaciones de miedo, tu cuerpo no tendrá ninguna necesidad ni razón para luchar o buscar la huída, que es lo que habitualmente hacías.

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