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Entender el miedo

El miedo es bueno, es una respuesta adaptativa. Es una reacción que experimentamos ante situaciones que desconocemos y ante las que podemos salir heridos. Si no tuviéramos miedo estaríamos exponiéndonos a circunstancias que nos podrían hacer daño. Es una especie de filtro. El problema es que muchas veces tenemos miedo cuando no debemos. Es un arma de doble filo porque nos enfrentamos a algo y el miedo muchas veces nos puede, con lo cual no es tanto el problema que uno tiene sino el miedo en sí, que se convierte en un problema.

1: Escribe el miedo en un papel y después debátelo

Si acostumbras a escribir en un diario, este ejercicio te resultará fácil de aplicar. Si no sueles hacerlo, puedes ponerlo en práctica también. En primer lugar, anota lo que te da miedo o lo que tanto te preocupa de ti mismo.

«He perdido mi vida.» «Nadie me ama.» «Todo el mundo piensa que soy un gran perdedor.» Sea cual sea lo que está resonando en tu cabeza, sácalo y déjalo sobre el papel.

Después de unos días, vuelve y mira lo que escribiste. A la luz de un nuevo día, alguno de tus temores pueden parecerte más melodramáticos de lo que pensabas. O tal vez te vas a dar cuenta de que hay alguno que es la opinión retorcida de otra persona sobre ti (una ex pareja abusiva, un padre frío o un compañero de estudios que te sacaba de quicio). Puede que un pensamiento que tuvo alguien de ti con los años lo hayas ido interiorizando como propio.

La segunda parte del ejercicio es que escribas una refutación a tu miedo. (Nota: la primera vez que intentes esto, probablemente no podrás pensar en nada, pero sigue intentándolo). Escribe lo que diría tu mayor fan. Deja que tu abogado defensor interno construya un argumento. Anota todas las pruebas que socavan tu miedo, aunque pienses que no son importantes. A continuación, inúndate de estos nuevos pensamientos y repítelos. Crea una reserva de contra-pensamientos que puedas activar la próxima vez que tu botón de miedo se manifieste.

Si no logras encontrar los argumentos necesarios para combatir los miedos, llévalos escritos en un cuaderno y que tu terapeuta o psicólogo de confianza te eche una mano porque verás que son más fáciles de descubrir de lo que piensas.

2: Enfréntate a tu miedo poco a poco

En anteriores publicaciones lo hemos dicho y lo diremos de nuevo: no tienes que saltar con los dos pies directamente a la piscina. Empieza por metas pequeñas, que sean asumibles y poco a poco irás nadando en aguas más profundas. Pero para aprender a nadar, necesitamos agua (que es nuestro miedo) y poder tocar de pies en el fondo de la piscina (nuestra seguridad). Si lo que te da miedo es ir a una fiesta, plantéate una pequeña meta social que te incomode pero que no te haga temblar en exceso.

Y recuerda: frente a tus miedos, especialmente al principio, te sentirás mal. Esto no es un paseo cómodo. Pero poco a poco, intercambiarás tu miedo por la confianza. Aquí está la cosa. En el momento no te darás cuenta de que el cambio está sucediendo. En su lugar, mirarás hacia atrás y te darás cuenta de lo lejos que has llegado. Te encontrarás haciendo lo que sea que te daba miedo sin pensar.

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