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No finjas ser quien no eres. Agradar a los demás

En consulta a menudo me encuentro con personas complacientes, sumamente volcadas en los demás, y desgastadas por ello. No obstante, lo más importante es que esas personas, lo que buscan es agradar. Tienen una necesidad muy elevada de obtener la aprobación de los demás y su aceptación.

Todos, en algún momento u otro, hemos hecho alguna cosa que se salía de nuestro comportamiento “normativo” con el fin de impresionar, gustar a otra persona. El problema radica cuando este hecho puntual se convierte en costumbre y perdemos de vista quienes somos realmente.

Es frecuente que estas personas se sientan impregnadas de sentimientos de tristeza, ansiedad, culpa y depresión, tras dar constantemente prioridad a los deseos de los demás sobre los propios. Suelen ser personas que la opinión propia no es que no cuente, sino que primero prevale la que tengan las demás personas y, si queda espacio para la suya y no transgrede la de los demás, entonces se expone. En pocas palabras, su pensamiento se podría resumir en: «Valoro más tu bienestar que el mío». Es más importante que tú tengas la consciencia tranquila y que me aceptes a que yo lleve una vida auténtica. Con eso tengo bastante”. Sí, eso se suelen decir.

Hay un cuento que me gusta muchísimo, que me lo contaron cuando era pequeño. Lo he estado buscando pero no he logrado ver de dónde salió o quién lo escribió. Si conoces el autor/a, agradecería que me lo comunicaras.

Había una vez un señor al que le invitaron a una cena y fue vestido con harapos porque no le interesaba mucho esforzarse para ir vestido de otra forma. Tampoco es que fuera muy distinto a como él solía ir. Entonces, cuando llegó, ni los invitados, ni los anfitriones, ni los camareros le hicieron el menor caso. Todo el mundo le miraba mal, le dejaban el peor sitio… Él se sintió muy mal y se fue a su casa. Entonces, decidió que se vestiría con sus mejores galas. Volvió a la cena y en aquel momento todo el mundo comenzó a halagarle. Le hacían caso, se interesaban por él y le ofrecían el mejor sitio para sentarse. En aquel momento el hombre se desnudó, dejó la ropa encima de la mesa y dijo: “aquí tenéis todo lo que queríais de mí”.  Y se fue desnudo a su casa.

A algunos os habrá gustado y a otros no, seguramente porque os habréis quedado pensando que no estoy contando cómo se sintió este hombre volviendo a casa, avergonzado y ridículo por haber ido desnudo por todo su barrio. Seguramente es así, pero por lo menos hizo lo que quería hacer él y no lo que los demás esperaban que hiciera.

Pero como se sienten los que buscan gustar a los demás. ¿Se sentirán mejor por estar fingiendo ser quienes no son en realidad; querer aparentar algo que en realidad no son?

En definitiva, si crees que eres una de esas personas que sienten la necesidad de agradar siempre a los demás aunque esto vaya en contra de tu propio bienestar, quizás ha llegado el momento de tomar las riendas y empezar a poner ciertos límites. Sácate la máscara que te has puesto, la ropa que crees que la gente espera que lleves puesta. Recuerda que nadie te va a querer menos por respetarte más a ti mismo/a. Y en caso contrario, ya te aseguro que esa persona no te merece la pena, en absoluto.

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